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lunes, febrero 09, 2009

El sr. Fong y el sr. Smith. Cap V.

Un funeral chino puede ser una ceremonia muy compleja, con lloronas vestidas de luto blanco que gritan y se lamentan para tener una mejor paga, tambien con casas y vehículos de papeles de colores brillantes para ser incinerados en el templo y enviados al otro mundo acompañando al muerto.
Tommy Fong hizo todo esto y más para despedirse de su hija Sally, luego la hizo cremar y llevó sus cenizas en una urna que vació desde el Golden Gate.
Las oficinas de Fong Corp., tenían una magnífica vista de la bahía y el despacho del sr. Fong, inmejorable.
El samoano, se veía fuera de lugar en la oficina decorada con delicadeza y amoblada con muebles de caoba con incrustaciones de teca.
De 1,80 de altura y unos 100 kilos el hombre dejó el detallado informe sobre el escritorio y esperó incómodo.
Tommy Fong había recibido la noticia de la muerte de su hija con incredulidad. Había viajado de inmediato a Zanzibar. El cónsul americano en Dar es Salaam le había explicado del accidente. La explosión y el hundimiento del barco. Sin sobrevivientes. "Lo lamentaba profundamente y todo lo que su oficina pudiera hacer...".
El cuerpo de la joven le sería entregado en unos días para que pudieran volver a su hogar.
El sr. Fong era un frio hombre de negocios, ciudadano americano por adopción y chino de nacimiento, su empresa de importación-exportación le había proveído de contactos de todo tipo y en todas partes.
Horas después de su reunion con el cónsul, un hombre de apellido Smith se encontraba con él en el bar del hotel.
-Sr. Smith, los accidentes o la fatalidad son estúpidas excusas de gente mediocre que no quiere ocuparse de sus responsabilidades. Siempre hay un responsable, siempre; hasta un inspector de calderas con decidia ES un responsable. Mi hija fue de viaje con unos amigos mios, tenía dieciseis años y ... Quiero saber qué pasó, por qué sucedió y quién o quienes son los responsables. Soy claro?
-Perfectamente
-Tengo dinero, contactos y gente importante me debe favores... Hubo un largo silencio mientras el chino miraba la nada, y los recuerdos de una hija que no volvería a ver nunca más, se agolpaban en su mente, - y ahora soy un hombre sin familia... Necesito respuestas...
Smith miró la tarjeta del sr. Fong, terminó su copa y a modo de despedida le dijo:
-Ud vuelva a su casa, y entierre a su hija, nosotros haremos nuestro trabajo. Ya sabrá de mí...
Tres meses después, el Sr. Smith se presentó en las oficinas de Fong en San Francisco.
El informe era grueso y detallado. Smith esperó paciente
El sr. Fong lo hojeó deteniendóse en algunas páginas en particular.
-Bien, por favor siéntese. Todo muy detallado. Cuál es su opinion, Sr. Smith?
-Piratas. Algo salió mal, porque sino hubieran aprovechado para cobrar un rescate por los rehenes. Y no vieron mejor opción, nada de testigos.
-Por donde comenzar?
-Mire, en caso que nos pongamos de acuerdo..., alguien los vendió en Zanzibar y a partir de ahí...
-Bien, cual es el precio?
-Dos millones más gastos, la mitad por adelantado. Alguien de mi confianza estará a cargo..., Cada vez que termine "una etapa" le enviará un mensaje para que Ud pueda ir hilando las cuentas de la historia. Cuando llegue a la última etapa me pondré en contacto con Ud para ultimar detalles y Ud decidirá.
-otra persona?, quién?,... bah, no importa... Sr. Smith, he oido muchos proverbios sobre la venganza..., pero lamentablemente solo me queda comprobarlo por mi mismo. Por favor, déle los datos de su cuenta bancaria a mi secretaria cuando salga... Buenas tardes Sr. Smith.
-Buenas tardes Sr. Fong, dijo el samoano mientras se ponía de pie. Dejó los datos a la secretaria y partió.
Diez dias después, el Sr. Fong recibía un sobre de papel manila, dentro, un recorte de diario relataba la horrenda muerte del gerente de una empresa de turismo de Zanzibar. Según fuentes locales, el hombre tenía vínculos con el hampa, y se habría tratado de un ajuste de cuentas. Junto con el recorte, acompañaban dos fotografías mostrando el cuerpo del hombre feamente mutilado.
El Sr. Fong guardó el sobre en un cajón del escritorio y miró hacia el océano.
No se sentía mejor.


FIN DE LA PRIMERA PARTE

lunes, febrero 02, 2009

Evelynn

Evelynn tenía un cuerpo espléndido, adn, gym y cirugías por partes iguales.
Evelynn tenía un yate blanco, enorme, de nombre "El cisne"que se mecía en la bahía de San Augusto, regalo de su último ex, Arnold.
Evelynn tenía una cuantiosa fortuna, obtenida de sus tres divorcios, tres exmaridos de braguetas inquietas y ella con un abogado con un fotógrafo oportuno.
Evelynn era fría y calculadora,... pero tenía apetitos.
Y a Evelynn le apetecía la "bestia" que había llegado hacía una semana al puerto, con un catamarán en mal estado y aspecto de haber estado en el infierno y haber vuelto...
Hacía días que lo estaba vigilando con los prismáticos, mientras tomaba sol desnuda en la cubierta del barco.
Esa mañana, charlando con esa mocosa amiga de su hijo Xavier, y después lo volvió a ver cuando entraba al "Lido".
Se puso un pareo, un poco de perfume (para que más), se calzó las gafas de sol y le dijo a uno de los marineros que la alcanzara en el chinchorro hasta la marina.
Sus pies descalzos caminaron por el muelle, contoneando su figura mientras los demás la miraban con deseo y admiración...
-bonito!, me gritó desde una mesa de la terraza, necesito un mojito grande y frío...
Se recostó en una silla de mimbre mientras apoyaba sus largas piernas en otra. El pareo se deslizó con suavidad mientras su cuerpo dorado y semidesnudo quedaba expuesto...
El perfume embriagó el lugar.
Desde su mesa en el rincón, Franco sonrió sin alzar la vista, meneó con la cabeza, se irguió y caminó hacia ella con su vaso de vino en la mano...
-estas haciéndole la competencia a las chicas del lugar o simplemente estás en un celo tal que no te puedes controlar?..., dijo a modo de saludo
Evelynn bajó sus gafas y lo miró mientras reía por lo bajo.
-todo un caballero, eh?
Franco sopesó el dinero que se olfateaba en el ambiente.
-siempre consigues lo que quieres?
-de una u otra forma, siguió ella, con su sonrisa traviesa
-pues venme a ver mañana, hoy estoy muy caro, dejo su vaso de vino común en la mesa, y se fue caminando hacia el catamarán.
La mujer todavía reía cuando me hizo una seña para que me acercara.
-y dime bonito, que tienes tú en mente para esta tarde, me preguntó mientras me tocaba con su pie desnudo
-pues..., no me gusta ser la segunda opción de nadie...
-ooooohhh... pero si estoy pensando en tí desde que lleguéeee...
-bueh,... si me miente con entusiasmo tal vez se me pueda ocurrir algo...
Hacia las cinco de la tarde, Franco y Anselmo traspiraban la gota gorda en el pequeño lugar donde estaba ubicado el motor del catamarán. El Perkins no había muerto pero habría trabajo para varios días.
Camille había terminado la proa del "Mordisko II" y ahora colgando de una silleta pintaba la popa.
Xavier sentado en el malecón esperaba a la muchacha, hasta que otro artesano le dijo que no iría, estaba pintando un barco...
Se sintió engañado, y se lanzó sobre el chico.
Un par de municipales se lo quitaron de las manos, pero ya le había roto la nariz y un par de costillas. Nadie se reía de él!
Mientras tanto Evelynn y yo nos mecíamos en "El cisne" revolcándonos entre las sábanas.
Yo estaba lleno de hormonas y ella de experiencia...

miércoles, enero 28, 2009

Camille y el catamarán, III

Una semana después Franco se encontró con Camille.
Estaba sentada en la marina, los pies colgando. Esperando que el hombre asomara la cabeza de dentro de la embarcación.
-su barco no tiene nombre, le dijo a modo de saludo
-tiene, pero no se lo pinté aún...
-por unos machacantes, le hago el trabajo..., proa y popa, quedará bien
-no tengo dinero, o mejor dicho, tengo que comprar refacciones para el motor y no sé...
-si me lleva del otro lado de aquella isla, tres veces, a bucear perlas quedamos a mano, dijo Camille señalando al horizonte, soy buena buceadora.
Franco miró a la chica atentamente, su silueta no estaba nada mal, y él hacía meses que no estaba con una mujer..., pero era demasiado joven, le llevaría treinta años o más.
-si el trabajo queda bien te llevaré cinco veces a pescar perlas, te parece bien?
-es un trato!
-mi nombre es Franco, y tutéame
-mi abuela me enseñó que a la gente se la trata de Ud, dice que es por respeto
-tu abuela?
-ahá, ella me crió
-tu abuela es colombiana?
-no sé.
-bien, conoces a alguien que sepa de motores o venda repuestos o ...?
-Anselmo, si está roto, lo arregla, lo que sea.
-y cómo lo encuentro?
-del caserón del muelle, tres calles arriba, no se puede perder, tiene una camionetita parada en la puerta del taller
-bueno, entonces iré a ver. Saltó al muelle y rumbeó para la casona.
-eh!!, llamó Camille, como se llama el barco?
-"mordisko II", gritó Franco
-morisco?
-"Mordisko II", con K. Y siguió caminando
Camille pasó su mano por la suave superficie del casco. Todo un pura sangre el catamarán. Y la chica lo acarició con placer.
-muy bien, murmuró, está tarde te traeré la pintura y los pinceles y todo el mundo sabrá tu nombre "Mordisko II",... y que habrá sido del "Mordisko I"?
Se encogió de hombros, subió a su bicicleta y partió.
Desde lejos, Xavier observaba los movimientos de la muchacha. No sabía si tener celos o no, el hombretón era mayor,  podía ser hasta el abuelo de Camille, sin embargo..., por qué le hablaba con tanta confianza?, eso no estaba bien. Esa tarde iría al malecón y la aconsejaría, ella no podía andar así. Al fin de cuentas él sabía de sus sentimientos..., una mujer educada no andaba por ahí hablando con cualquier extraño. Ella tenía que hacerle caso, tendría que hacerle caso. Era por su bien..., y sino, ya vería de hablar con el extraño.
Franco golpeó las manos para hacerse notar,
-hay alguien?
-aquí abajo, contestó Anselmo, mientras se asomaba debajo de un auto de dudosa apariencia. No se engañe, a pesar del aspecto anda bien, no ponga esa cara... bueno, qué necesita?
-tengo un catamarán con un Perkins viejo, en muy mal estado, pensé que tal vez podría echarle una ojeada...
-se detuvo o hace ruido?
-taca...taca...taca un rato, y en un momento fue un fuerte PACK!!, y murió
-Si murió... tendrá que buscar un enterrador, pero los Perkins a veces se convierten en Lázaro, deme tiempo hasta la tarde, iré con algunas herramientas y mi título de forense, dijo Anselmo con una sonrisa.
-lo espero..., y, diga, estoy harto de comer a bordo, sabe de algún lugar de comida casera y precios razonables?
-la casona del muelle, "El lido", de día se come bien, el "pecado" comienza recién al atardecer dijo con un guiño.
Franco volvió sobre sus pasos hasta "El lido". Entró, miró el menú borroneado en una pizarra ubicada junto al mostrador, y me dijo
-eh, muchacho, quiero un plato de guiso, callos hay?, pan fresco, y media jarra de vino..., y silencio, me gusta comer sin que me hablen.
Y así nos conocimos.

lunes, enero 19, 2009

Franco el marino

Franco era un hombre grande, de edad y de tamaño.
De unos cincuentaytantos y un metro ochenta y pico. Se le notaba la vida de marino.
Y algo más...
En sus cicatrices, en su gesto torvo, en su desdén...
En su mirada.
Dos tercios de su vida la había pasado navegando en las costas de África Oriental,
Madagascar, Mauricio y Seychelles fueron su coto de caza y sus rutas de comercio.
Contrabandista de profesión, pirata de ocación.
Su barco el "Mordisko", era un yate de casco oscuro, dos mástiles y cubierta nivelada. Ágil y silencioso, de buena velocidad cuando se requería. Llevaba una tripulación de cuatro hombres incluyéndolo, aunque en realidad lo podía dominar una sola persona, de hacer falta.
En los últimos tiempos el contrabando de armas y animales, había sido superado en beneficio por el humano, si bien el riesgo era mayor, las ganancias eran considerablemente superiores.
Y a Franco solo le interesaban las ganancias.
Pero el último trabajo lo complicó todo.
El dato de la excurción con turistas americanos saliendo de Zanzibar rumbo a St. Pierre fue tentador.
Lo abordaron en la madrugada.
Había llevado su tripulación habitual y agregado un par de mercenarios, conocidos de los bares de Mombasa.
Todos encerrados en la bodega, mientras Franco y sus muchachos saqueaban el barco.
Pero estaba aquella mocosa, con la que uno de "los nuevos" se había emperrado. La chica no fue dócil. Y de la violación a la muerte fue un paso. El padre enloqueció al escuchar los gritos desgarrados de la adolecente, y se lanzó sobre el guardia que habían dejado.
Saldo, todos muertos.
Gente importante. Un robo, con secuestro y violación, era algo "arreglable", pero dieciocho americanos ricos muertos y mutilados, era distinto. Franco supo que nadie lo escondería y optó por no dejar cabos sueltos.
Tiró los cadaveres por la borda y destruyó el barco.
Cerca de Mogadiscio, con un hacha se deshizo de lo que quedaba de su tripulación.
Y huyó.
Ocho meses después apareció por el puerto de San Augusto, hambriento y cansado, ahora piloteaba un catamarán en mal estado, remolcado por un pesquero.
Camile miraba la llegada de los barcos.
Xavier miraba a Camile...

lunes, enero 12, 2009

Obsesión, toma 1

Camile unía las cuentas con el sedal. Había hecho un par de anillos con clavos de herradura y unos aros con plumas y un poco de "alambre de plata". Colgando sus artesanías en una tablita forrada en seda, que los probables clientes curioseaban al pasar, yendo y viniendo por el malecón.
Desde lejos, Xavier miraba y admiraba a Camile. Desde chico su madre le había dirigido por la vida como un "niño aplicado y correcto", nunca una rodilla pelada, ni un raspón en la bicicleta. Los soldaditos guardados y ordenados, los dientes limpios, el beso antes de ir a la cama. La ropa doblada y ordenada.
"Si, mami".
Terminó el secundario y la escuela de economía con notas sobresalientes y los libros ordenados y sin escrituras.
Si alguna vez el pequeño Xavier tuvo un espíritu, la madre se había encargado de atarlo, amordazarlo y encerrarlo en algún sitio.
"Cómo me puedes hacer una cosa así?, a mí...?"
y el niño bajaba la cabeza, mientras alguna lágrima se escurría por su mejilla, mezcla de vergüenza y humillación.
Xavier miraba con obsesión las formas y el cabello libre de la muchacha que vendía artesanias en la playa.
Y un día que no pudo más, se lanzó a la conquista...
Camile lo miró como a un marciano, pero Xavier compraba y ella necesitaba el dinero...
Y así pasaron las primeras semanas del verano. Todas las tardes cuando Camile llegaba con sus cosas al malecón, Xavier estaba sentado esperándola. Ella sacaba un tapete de su mochila y sobre él dejaba ver sus tesoros.
Ella trabajaba, y él, hablaba y hablaba y hablaba. Después de un par de horas, le compraba todo lo que hubiera creado y la invitaba a tomar algo.
Camile reía, aceptaba el dinero y partía sin siquiera contestar la propuesta.
Sola.
La obsesión de Xavier crecía, y cada vez se hubicaba más temprano a esperar a la chica.
"Estoy seguro que me ama, mami", le dijo un día a la madre. La carcajada aspera y sarcástica resonó por la casa, y Xavier salió dando un portazo.
"Me ama, yo sé que me ama..." murmuraba como en una letanía, mientras caminaba de noche por la playa.
El amanecer lo encontró sentado en "el lugar" de Camile, esperándola.
Por aquél entonces yo trabajaba en El Lido, el "burdel" que fuera lo que hoy es la cantina. Había llegado con mis cosas en una mochila, y ganas de pasar el verano en San Augusto. Un trabajo de multipropósito en aquel albergue de mala fama me caía como anillo al dedo.
Por supuesto, que desde mi lugar había visto como los embates de Xavier chocaban una y otra vez contra la firmeza de la risa de Camile. Era claro lo que quería uno y qué necesitaba la otra.
Y el verano transcurría...
Bucólico y tranquilo.
Hasta que un atardecer vimos llegar un barco pesquero que traía a remolque un catamarán en mal estado.
Franco, con aspecto cansado y hambriento estaba ubicado al timón del barco averiado.
Camile miraba "distraídamente" la llegada de los barcos.
Xavier miraba a Camile...

lunes, octubre 06, 2008

Extracto de carne

Hay un grupo anónimo, que me pidió, de favor, la sala de lectura para juntarse los martes a la noche. Averigüé un poco de que se trataba y les dije que no había problema.
Alrededor de las once de la noche, van llegando y pasando directamente. Como que no quieren que los vean. Por algo lo de anónimo.
El martes pasado fuí para dejarles café y bizcochos y me encontré con un conocido, que parado frente al resto, decía:
-Hola, soy Leo,
-Hola Leo, le contestaron.
-...
-...
-.bueno, eh...esteeehmmm, no estoy muy seguro por qué estoy acá, ni quién... o que soy.
 Tengo un problema..., es como un vicio, más que una necesidad. No sé.
 Siempre he cumplido con las reglas. Esteee... He sido obediente. Dócil. Tranquilo... 
 Temo a Dios.
 Hago caso a lo que me ordenan..., no quiero molestar.
 Pero sé que hay algo malo en mí..., algo siniestro, y lo escondo, lo tapo, no quiero verlo.
 No hablo de ello..., pero está ahí... Siempre.
 Latiendo y acechando..., y cada tanto cuando la vida me abruma, está él, susurrandome cosas.
 Diciéndome que cruce la línea...
 solo una vez más, solo una..., pero sé que no será la última...
 Este algo, este..."compañero" de ruta, que me comparte, que cuando me controla, me hace  sentir...
 no sé..., vivo.
 Su voz me envuelve y me dice que es lo que necesito. Lo sabe mejor que nadie.
 Tal vez me aterro con el estremecimiento de lo que está absolutamente mal. Y me dejo llevar.
 Y no lucho contra él. No quiero hacerlo.
 Cuando no puedo más..., es la única voz que oigo.
 Él es todo lo que tengo. Y por eso lo sigo y le soy fiel.
 Nadie más podría quererme. Lo sé.
 Y menos a mí...
 ¿O será sólo un engaño de mi demonio?, ya no lo sé.
 Porque, a veces, hay estos raros, extraños momentos, en los que me siento..
 como diría?, 
 que podría engancharme a algo más.. 
 a  alguien más.
 Es como si..., mi armadura se resquebrajara..., comprenden?
 Y sucede que, algunas cosas..., tal vez personas...
 A los que nunca, en la puta vida "vi" realmente, 
 comienzan de repente a importarme...
 ...Y siento pánico... 
Leo, no se llama Leo, y al verme, supo que no podría volver a ser anónimo.
Dí media vuelta y salí del cuarto, cerrando las puertas tras de mi.