Me gustan los viajes cortos, sin valijas ni atillos. Solo una pequeña mochila donde coloco mi ordenador portatil, un abrigo y un libro, preferentemente una novela.
En la parte inferior, en el fondo, llevo un caño de 40 cms de largo y media pulgada de diámetro. Y en un bolsillo lateral, mi tijera para trozar pollos.
Particularmente no tengo predilección por el ferrocarril o los minibus. Si bien el tren tiene su encanto, el traqueteo, los paisajes que corren sin detenerse, el coche-comedor... En fin, como un mundito sobre rieles. La combi, por su parte, va a otra velocidad, entra en los pueblos y sube y baja gente todo el tiempo. Quizás hasta se entabla alguna charla pasajera. Quién sabe, una futura relación, tal vez.
Los que me conocen saben que soy metódico. Casi obsesivo, lo reconozco. Jamás doy un paso salteándome otro. Es lo que corresponde.Y si le advertí que debía detenerse en su torpe actitud y no hizo caso..., lo propio es que yo suba un nivel.
Lo lamento, pero debe ser así.
Subí a la camioneta en la calle Rincón, la Sra. del asiento junto a mi, me dijo que ella tambien iba a Belgrado. Una persona encantadora, viuda, dos hijas, seis nietos. La esperaban para pasar el fin de semana todos juntos, festejarían su cumpleaños en familia. Les llevaba regalos a todos. Estaba la mar de feliz. Había horneado bizcochos para el viaje y portaba un termo con agua, para el mate.
Cuando comencé con este eerr..., digamos hobby, equivocadamente pensaba que una persona con las rótulas deshechas recapacitaría y se plantearía nuevos rumbos. Pero no. Es extraño, verdad?. Cuando se curan... vuelven a tontear. Es la falta de un recordatorio.
Sin duda.
Martha, asi se llamaba mi compañera de viaje, me indicó un par de lugares estupendos para cenar, e incluso si me quedaba algunos dias, me comentó que en la zona hay un circuito turístico corto, pero muy pintoresco, podría alquilar una bicicleta y recorrerlo.
Lástima, me hubiera gustado.
De manera tal, que con el tiempo agregué la tijera. El hueso de un dedo no es mucho más grueso que una pata de pollo. Una mano con tres dedos menos es un buen recordatorio.
Me parece.
En un par de horas, más o menos, llegamos. Realmente las ciudades chicas o pueblos grandes, tienen otra calidad de vida. Se nota en la libertad de los crios, las puertas sin llave, las bicicletas sin candado. Parece mentira que la gente se vuelque a las grandes ciudades. Qué tontería.
Me bajé en una de esas plazas con nombre de procer y caminé hasta la casa donde mi descarriado amigo (me gusta decir descarriado, pienso que después que nos veamos tal vez reencuentre el rumbo..., bah, nunca sucede), tiene el comercio.
No es fácil pasar desapercibido en estos sitios, lo dicho, es otra calidad de vida, la gente se saluda. La gentileza de los pobladores que no tienen maldad y los vecinos que de alguna manera comparten su vida; pues una cosa trae la otra, y el amigo sentado en la vereda que nos ofrece una silla, y el mate y... en fin.Para cuando te quieres acordar..., puf, ya sabes que el tio tiene cuatro hijos, tres en edad escolar, el otro más grande de un anterior matrimonio, perro, esposa, se dedica a esto y lo otro y de tal hora a tal hora atiende al público. Nada, nada, que la comunicación entre las gentes lo es todo, y a mi que no me vengan con esas tonteras de la tecnología.
Me despedí de Don Germán, así se llamaba mi interlocutor, todo un caballero.
Y hacia el final de la siesta, cuando los crios todavía estan en la escuela, y los comercios recién comienzan su hora de trabajo entre en la tienda.
El lugar estaba demasiado desordenado para mi gusto.
El hombre resultó un pelín más alto de lo esperado, nada inquietante. le expliqué el porqué de mi visita. Intentó algo, no sé qué. Maldito imbécil, qué esperaba? si cometes una idiotez hay un castigo... es así. Manoteé un punzón del cajón de herramientas que tenía allí, y le clavé la mano al mostrador. Desde que vi "El Padrino" que quería hacer una cosa así. Se siente placer.
Bien, lo mejor en estos casos es una inyección con un fuerte sedante. Ya desvanecido, uso el caño, trato de hacer el menor ruido posible, sé que hay gente que se impresiona cuando escucha romperse un hueso. Pero es solo al comienzo, después se va convirtiendo en una pulpa y casi ni se oye. Y al final uso la tijera. Cortar cartílagos es muy sencillo.
Limpié mis cosas, me lavé las manos y ya...
Listo.
Antes me quedaba a ver la expresión del rostro cuando pasaba el efecto de la droga. Ya no, pegan unos alaridos que ni te imaginas y al fin de cuentas no varían mucho.
Tiré los dedos en el plato del chucho, me agradeció moviendo la cola. Simpático animal.
Espero no tener que volver por los hijos y el perro..., sería el siguiente nivel
Nunca se sabe, hay gente necia...
Caminé las cuadras que me separaban de la terminal de omnibus, y aprovechando los datos que me dió Don Germán me subí en el bus que salía en ese momento.
Me gustan los viajes cortos, sin valijas ni atillos. Solo una pequeña mochila con mis cosas.
Confío en llegar a tiempo a la reunion que tenemos los martes, en la cantina.
Saqué mi novela y me puse a leer.










