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viernes, noviembre 21, 2008

Breve resumen histórico


Qué desde cuándo están los celtas en esta zona?, no lo sé.
De hecho, más de uno cree que desde el bigbang..., y otros, que conocen a los celtas, tienen la certeza que ellos lo produjeron.
Pero no es esto lo que importa, sino remitirnos a lo que sí sabemos.
Que por cierto es bastante poco.
En principio, tengamos en cuenta que no hay una gran diferencia entre un druida con una oz de oro y un monje con una canastita, ambos juntan hierbas.
Hierbas que terminarán en un caldero o en un alambique.
Loado sea el señor!, quienquiera que este sea.
Pués bién, en aquellos años, posteriores a la batalla de Alesia (septiembre del 52), el jefe de la tribu o como quiera que se llamase el cargo, era un tal Angus, celta él, hombre de carácter fuerte, pero principalmente preocupado por el bienestar de los suyos. Estos ocupaban las montañas que rodean lo que hoy día es la aldea donde estamos.
El comandante del destacamento romano, Augusto Aurelio, conocido como "el fenicio", manejaba la comarca con mano suave, sabedor de los beneficios de la negociación y el comercio. Y esto hacía feliz a Roma, ya que "la tortuga latina" no era muy efectiva en incursiones punitivas en las montañas.
Durante décadas los lugareños pagaron sus impuestos al Cesar, señor de turno, y este a cambio los probeyó de las comodidades de la modernidad, que no vamos a detallar en este momento.
Por ese entonces se denominaba a la comarca como "la tribu de Angus" o "el destacamento de Augusto", dependiendo de la identidad e ideología del declamante.
Con el correr de los años, ciertos cambios en las creencias religiosas de la cultura mundial hicieron que se instalara en las cercanías un monasterio, a cuyo cargo estaba el abad agustino Agustino (el primero es por la línea de pensamiento).
Notarán Uds. la semejanza de los nombres.
A esto hay que sumarle que en el medio de estos acontecimientos (no se sabe la fecha exacta), el Cesar Augusto recaló en uno de sus viajes por el imperio, en la que fuera la casa del mismísimo Angus, donde bebió del vino de la familia, reconociendo su satisfaccion por el mismo.
Es de mencionar que las tierras de los sucesores de la tribu de Angus contaban con excelentes viñedos y pródigos bosques que cubrían la ladera este de las montañas hasta la orilla del mar.
Con una basta variedad de especies de hierbas. Particularmente, aromos, aloes, avellanos, araucarias, alerces, abedules,... árboles y arbustos en general, y almendros. Y parece ser que la cáscara del almendro en determinado momento de su fermentación...
Y ahí volvemos al comienzo, no hay mucha diferencia entre un monje y un druída.
Es entonces, que la zona empezó a conocerce como "Augusto/Angus/Agustino el de las bayas", que con el correr de los años pasó a decantar en "Augusto/Angus/Agustino de los almendros".
Y finalmente, con la última organización política, en el siglo XV, pasó a ser "San Augusto de los Almendros". Nombre definitivo con el que aparece hoy en día en algunas guías michelín.
Conocido coloquialmente como Augusto o Auguste ("sanagus", "sanagu" o simplemente "oagu", uniendo la o y la a en un sonido medio, en la lengua local).
Sabido de su extraña geografía, similar a la del triángulo de la bermudas (que no llega quién quiere, sino quien puede). San Augusto de los Almendros ha sido un reducto elegido por diversas gentes del mundo necesitados de recluírse por motivos varios, particularmente en el siglo XX (no todo el mundo fue a Casablanca).
Y cuyos orígenes son francamente dispares.
Así es como puede uno cruzarce en las calles de esta particular aldea, con descendientes de borbones, o de algún trono ya inexistente, o bien reyes de comarcas que pertenecen a lo que hoy son repúblicas democráticas, e incluso hasta con una ama de casa que va a pagar una cuenta al banco.
No hace falta aclarar que "la cantina" es visitada a menudo por reinas, duques y condes, de hecho hay princesas que son habitues. Y sin ir más lejos, el barman del yatchclub es el heredero al trono austrohungaro..., o al menos es lo que dice. Y le gusta que le digan "su alteza", y si él es felíz...
y... después de todo.
A quién le importa?

Párrafo extractado de la obra "La angustia de Augusto", última edición, reciéntemente actualizada, del historiador y geógrafo, flanco-lusitano, Wilson Guimaraes Rantifuso, editorial Capuyo. Barcelona

lunes, febrero 26, 2007

El vals de Matilda.

Un dos tres, un dos tres, Strauss inunda la pista y Matilda gira y gira al compás, un dos tres, un dos tres...
Amanda es la florista del pueblo y desde que murió la mamá de Matilda, la cuida como si fuera propia.
Todas las mañanas, José se despierta temprano, lleva a Matilda el desayuno a la cama, y al rato salen juntos, la deja de paso en la escuela, y se encamina al puerto, otro día de pesca.
Todos los mediodías, Matilda se va al negocio de Amanda, comen algo en el puesto de flores que tiene junto a la iglesia, y en la tarde, mientras Amanda atiende a los clientes, Matilda hace la tarea y se encarga de repartir los pedidos.
A la tardecita, parte con atillos de azahares, de violetas y jazmines en una canastita, y los vende en la cantina...
Pasea entre las mesas su simpatía y frescura, no le faltan clientes.
Después de las 7, Paco la echa, es tarde, nada de críos en la noche. Deja su canastita en un costado con un cartelito con el precio de cada atado, y se va.
Al día siguiente no habrá ni una flor, en cambio tendrá una pila de monedas
Un dos tres, un dos tres, Matilda baila y baila, Paco la lleva con firmeza y ella se desliza con placer.
Amanda le deja que se quede con lo que gana de la venta ambulante para sus cosas. Matilda sueña con un vestido, con sus quince, con el vals y lo guarda todo para su fiesta.
José me vino a hablar, me contó del sueño de su hija, me contó que Amanda le está haciendo el vestido en secreto, que han juntado un dinero y quieren sorprenderla.
Matilda es dueña de muchas de nuestras sonrisas.
José nos cuenta sus planes, el resto queda a cargo nuestro.
Lola confabulará con Amanda para que la sorpresa sea perfecta.
Cloe aportará la torta, Anselmo se encargará de buscar a los amigos que viven lejos.
Un dos tres, un dos tres, Matilda pasa de mano en mano, cambia de acompañante, uno tras otro se la disputan, la alegría de sus ojos ilumina la cantina.
Hace rato que estamos todos.
Falta José...
En cambio vino Don Jesús, el patrón del puerto. Me cuenta del accidente. Me cuenta de la explosión. Me cuenta del cuerpo sin vida de José.
Me acerco a Matilda.
La tomo entre mis brazos...y bailamos...
Le cuento..., despacito, trato de ser tierno...
Se aferra a mí, y llora en silencio...
Y bailamos...
Un dos tres, un dos tres, Matilda flota en la pista, Strauss nos envuelve..., yo la sostengo, ella grita de dolor...
Baila Matilda, baila, y que el vals no acabe...
Un dos tres, un dos tres, un dos tres, un dos tres...